Tu hijo entiende mucho más de lo que puede decir. Y una fonoaudióloga te menciona PECS. Vuelves a casa con una hoja en la que dice “Picture Exchange Communication System”, tres palabras en inglés, seis fases y una promesa incómoda: que tu hijo va a aprender a comunicarse entregando una imagen antes de aprender a comunicarse con la voz. Y ahí llega la pregunta silenciosa: ¿esto es una vía real, o es una manera elegante de rendirse con el habla? Este artículo mira lo que la ciencia dice —y también lo que no dice— sobre PECS, cómo está diseñado, qué se puede esperar y qué no.


Hallazgo 1: PECS no es “usar pictogramas”: es un protocolo por fases para enseñar a iniciar comunicación

El Picture Exchange Communication System fue desarrollado en 1985 por Andy Bondy y Lori Frost en el Delaware Autism Program, y descrito formalmente en la literatura a comienzos de los 2000. Sus propios creadores lo definen como “un sistema alternativo/aumentativo desarrollado para enseñar comunicación funcional a niños con habla limitada” y subrayan lo que lo distingue del resto de la CAA: enseña al niño a iniciar interacciones comunicativas dentro de un marco social, no a responder cuando el adulto pregunta (Bondy & Frost, 2001). Traducido: el niño no espera que le muestren la lámina; es él quien la toma, se acerca al adulto y la entrega. Esa entrega física es la señal de que ha empezado una conversación.

Ese “aprender a pedir” se enseña en un protocolo estructurado de seis fases, que va desde el intercambio físico de una sola imagen hasta la construcción de oraciones con imágenes y el uso de atributos como color o tamaño. No es un accesorio suelto: es una secuencia con orden, criterios de avance y técnicas específicas de refuerzo y corrección de errores. Ese diseño por fases es importante porque, como veremos en el hallazgo 3, hasta dónde llega el niño en la secuencia se relaciona con los resultados que puede obtener.

FaseObjetivo pedagógico central
IIntercambio físicamente asistido: el niño aprende a entregar UNA imagen a cambio de UN objeto deseado.
IIEspontaneidad y distancia: el niño se mueve hacia el interlocutor y hacia el tablero para pedir.
IIIDiscriminación entre imágenes: el niño elige entre varias para pedir lo que realmente quiere.
IVEstructura de oración: usa la tira “Yo quiero + imagen del ítem”.
VResponder a “¿Qué quieres?”: el niño pide en respuesta a la pregunta del adulto.
VIComentar: el niño pasa de solo pedir a también comentar lo que ve u observa.

Fuentes: (Bondy & Frost, 2001); (Ganz et al., 2012a)


Hallazgo 2: La evidencia muestra ganancias claras en comunicación funcional, más modestas en habla verbal

La pregunta que más importa a los padres es doble: ¿PECS funciona para que mi hijo se comunique? ¿Y va a hacer que hable? Los meta-análisis contestan con precisión distinta cada parte de la pregunta. Una revisión de 13 estudios de caso único sobre PECS en personas con discapacidades del desarrollo encontró que en todos los estudios revisados menos uno los participantes aumentaron su comunicación funcional al usar PECS. Los mismos autores documentaron también reducciones en conductas problema y aumentos en habla verbal en algunos individuos, con la advertencia de que esos efectos secundarios varían mucho entre personas (Hart & Banda, 2010). El propio estudio calcula sus resultados con la métrica PND, pensada para diseños de caso único.

En 2010 una meta-análisis independiente reunió 11 estudios (8 de caso único con 18 participantes y 3 grupales con 95 niños en PECS más 65 en condición de comparación) para responder específicamente la pregunta sobre el habla. La conclusión de los autores, palabra por palabra: “PECS es una intervención prometedora, pero aún no establecida como práctica basada en evidencia para facilitar la comunicación en niños con TEA de 1 a 11 años. Se demostraron ganancias pequeñas a moderadas en comunicación. Las ganancias en habla fueron pequeñas o incluso negativas” (Flippin et al., 2010). Ese “small to negative” en habla es la línea que suelen omitir los folletos y merece leerse dos veces: en promedio, y con la evidencia disponible en 2010, PECS mejora la comunicación funcional pero no es una vía confiable para producir habla verbal.

Qué dice la evidencia meta-analítica sobre PECSFuente
Aumento de comunicación funcional en todos los estudios revisados menos uno (13 estudios single-subject)Hart & Banda, 2010
Ganancias pequeñas a moderadas en comunicación funcional (11 estudios, TEA 1–11 años)Flippin et al., 2010
Ganancias pequeñas a negativas en habla verbal (mismo meta-análisis)Flippin et al., 2010
Efectos mayores de PECS y dispositivos generadores de habla que de otros sistemas basados en imágenes en TEAGanz et al., 2012b

Ese matiz es importante para bajar dos ansiedades opuestas y frecuentes. La primera, la de las familias que buscan en PECS un método para desbloquear el habla: la evidencia no lo respalda como su función principal. La segunda, la de las familias que temen que introducir imágenes retrase el habla verbal: una revisión sistemática amplia de CAA en niños con autismo concluyó que “la intervención con CAA no impide la producción del habla” y que la mayoría de los estudios reporta incrementos modestos (Schlosser & Wendt, 2008). En otras palabras: PECS no es un motor del habla, y tampoco es su freno.

Fuentes: (Hart & Banda, 2010); (Flippin et al., 2010); (Ganz et al., 2012b); (Schlosser & Wendt, 2008)


Hallazgo 3: Los mejores resultados llegan a preescolares con autismo y a niños que avanzan más allá de las primeras fases

No todos los niños obtienen el mismo beneficio de PECS, y la ciencia identifica bastante bien qué perfiles suelen mostrar los efectos más fuertes. Un meta-análisis específico de PECS en personas con TEA analizó los resultados según edad, diagnóstico, fase alcanzada del protocolo y si el efecto era sobre outcomes objetivo del entrenamiento (comunicación funcional) o sobre outcomes colaterales (habla, conducta, habilidades sociales). Los autores concluyeron, textualmente, que “los outcomes de comunicación funcional asociados al protocolo PECS fueron los más impactados”, que “los niños en edad preescolar y aquellos con autismo mostraron generalmente los efectos de entrenamiento más fuertes” y que “los estudiantes que avanzaron por más fases del protocolo PECS obtuvieron los mejores resultados” (Ganz et al., 2012a). Tres afirmaciones que se traducen así para un padre: la ventana en la que PECS rinde más suele estar en preescolar, y lo que se gana no es un premio automático por empezar, sino por sostener el trabajo hasta llegar más allá de la fase III.

Ese patrón —efecto más grande en lo que la intervención mide directamente— también aparece en el contexto más amplio de la CAA con soporte. Una meta-análisis de 24 estudios de caso único sobre sistemas de CAA “aided” en personas con TEA encontró efectos grandes sobre las habilidades de comunicación en general, con PECS y los dispositivos generadores de habla mostrando efectos mayores que otros sistemas basados en imágenes más simples (Ganz et al., 2012b). Y un piloto reciente de apoyos visuales aplicados en el hogar —que combinaba PECS con agendas visuales, tableros de elección e historias sociales— reportó mejoras moderadas en calidad de vida familiar y reducción de dificultades específicas del autismo (Cohen’s d ≈ 0,57), sugiriendo que la mayor palanca no siempre está en el sistema por separado, sino en su implementación cotidiana con acompañamiento a los adultos (Rutherford et al., 2023).

Lo que la ciencia todavía no cierra es el mantenimiento a largo plazo, la generalización a distintos entornos y qué características específicas del niño predicen mejor los resultados. Los propios autores de la revisión de 2010 dejaron esas tres áreas como preguntas abiertas, y siguen siéndolo hoy (Flippin et al., 2010).

Fuentes: (Ganz et al., 2012a); (Ganz et al., 2012b); (Rutherford et al., 2023); (Flippin et al., 2010)


Guía práctica: cómo entrar a PECS con expectativas realistas

  1. Ajusta la meta antes de empezar. El objetivo primario de PECS es que tu hijo aprenda a iniciar comunicación por su cuenta, no que aparezca el habla. La evidencia respalda ganancias claras en comunicación funcional y ganancias modestas o inexistentes en habla verbal; encuadrar la meta así protege a la familia de la frustración.
  2. Trabaja en las fases uno por una, sin saltarte la III. La fase III (discriminar entre imágenes para pedir lo que realmente se quiere) es un punto de inflexión: los estudios muestran que los mejores resultados aparecen en niños que avanzan más allá de las primeras fases. Menos horas mal usadas en la fase I con muchos ítems, más foco en la próxima fase que toca.
  3. Refuerza siempre la entrega física. El corazón del método es que el niño se acerque, tome la imagen y la entregue a un adulto que responda inmediatamente con el objeto deseado. Si respondes al gesto o a la mirada antes de que la imagen llegue a tu mano, entrenas otra cosa —no PECS.
  4. Mantén el sistema disponible y visible todo el día. La única forma de que PECS aumente comunicaciones espontáneas es que el tablero o el libro estén siempre a la vista, en la mesa, la cocina, la mochila. Un sistema guardado es un sistema no usado, y el piloto reciente en hogares mostró que las mejoras aparecen cuando el 100% de las familias integra los apoyos visuales en la rutina, no cuando aparecen puntualmente.
  5. Pide al equipo un plan para el hogar, no solo para la sesión. La sesión clínica no basta: pregunta explícitamente por objetivos semanales, quién entrena a los adultos de la casa, cómo se resuelven dudas y cómo se traspasa el trabajo al colegio. La consistencia entre entornos es lo que sostiene el avance del protocolo.

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Artículo basado en evidencia científica. Referencias en formato APA.

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