El doctor lo dice en una frase corta: hay que operar. Mientras él sigue hablando de fechas y ayuno, tu cabeza ya está en otra parte: ¿cómo le explico esto a mi hijo sin asustarlo? ¿Le cuento todo o lo justo? ¿Y si llega el día y se pone a llorar en la puerta del pabellón? La buena noticia es que lo que hagas en los días previos —no solo el día de la cirugía— cambia de verdad cómo tu hijo vive ese paso por el hospital. Y la ciencia tiene bastante claro qué ayuda y qué no.


Hallazgo 1: El miedo a operarse es real, muy frecuente y deja rastro

Para un adulto, “es una cirugía menor” suena tranquilizador. Para un niño pequeño no existe la cirugía menor: existe que lo separen de su mamá, una pieza desconocida, gente con mascarilla y un olor raro. No es exageración suya, es la regla. En un estudio con 220 niños de 2 a 7 años operados de cirugías electivas, el 67,6% presentó ansiedad preoperatoria, y esa ansiedad fue subiendo a medida que se acercaba el momento de la anestesia: del 50,5% en la sala de espera al 79,1% durante la inducción (Liang et al., 2021). Dicho de otra forma: el punto más duro no es enterarse, es el instante mismo de entrar a pabellón.

Y el malestar no siempre termina cuando la cirugía sale bien. Una revisión que recopila estudios de seguimiento describe que, en una cohorte de 1.027 niños de 3 a 12 años, el 24% mostraba cambios de conducta negativos al tercer día tras la operación —alteraciones del sueño, enuresis de nueva aparición, retraimiento y problemas de alimentación— y el 16% seguía con ellos a los 30 días (Stargatt et al., 2006, en Zainal Abidin et al., 2021). No es que la cirugía “traumatice” a todos los niños; es que para una proporción importante deja una huella conductual medible que se puede prevenir.

El dato útil para ti es este: la ansiedad de tu hijo no es un capricho de último minuto, tiene un pico predecible (la separación y la anestesia) y puede hacer eco durante semanas. Eso significa que hay un blanco claro al que apuntar y una ventana de tiempo —los días previos— para hacerlo.

Momento antes de la cirugíaNiños con ansiedad
Sala de espera preoperatoria50,5%
Sala de espera quirúrgica62,3%
Pabellón, antes de la anestesia78,6%
Durante la inducción de la anestesia79,1%

Fuentes: (Liang et al., 2021) https://doi.org/10.21037/tp-21-215; (Stargatt et al., 2006, en Zainal Abidin et al., 2021) https://doi.org/10.1177/2333794X211007975


Hallazgo 2: Prepararlo antes funciona casi tan bien como un sedante (pero importa el cómo)

Acá está el hallazgo que más sorprende a los papás. En un ensayo controlado aleatorizado con 408 niños y sus padres, un programa de preparación conductual familiar llamado ADVANCE redujo la ansiedad del niño en la sala de espera frente a los otros tres grupos del estudio (34,4 vs. 39,7; p = 0,007). Durante la inducción de la anestesia, el grupo preparado estuvo más tranquilo que los niños con cuidado estándar o solo con presencia de los padres (44,9 vs. 51,6–53,6; p = 0,006) y no mostró diferencia estadísticamente significativa con los niños premedicados con midazolam oral, un sedante (44,9 vs. 42,9; p = 0,904). Además tuvieron menos delirio al despertar y necesitaron menos analgesia (Kain et al., 2007). Ojo con un matiz importante: ADVANCE es un programa multicomponente (reducir la ansiedad, distraer, modelar la situación, sumar y entrenar a los padres, evitar el exceso de “no va a pasar nada”, exponer gradualmente). No es “leerle un cuento” y listo.

¿Y qué tipo de preparación rinde? Un meta-análisis de 45 ensayos aleatorizados encontró que las técnicas no farmacológicas de preparación y distracción reducen de forma clara la ansiedad preoperatoria frente al cuidado habitual (diferencia media −10,93 en la escala m-YPAS; IC 95% −13,37 a −8,50), con la preparación psicológica como una de las estrategias más sólidas (−11,36) (Mustafa et al., 2024). Pero el mismo análisis trae una lección incómoda y honesta: entregar un libro, por sí solo, no tuvo efecto significativo (−1,74; p = 0,12). La heterogeneidad entre estudios fue alta. Traducción: no es el objeto “libro” lo que calma, es la preparación estructurada que un buen material puede entregar.

¿Sirve entonces un cuento? La evidencia específica es prometedora pero todavía limitada. En un ensayo con 60 niños operados de amígdalas y adenoides, leerles la noche anterior un cuento estructurado —con información del procedimiento, ejercicios de respiración y espacio para expresar emociones— redujo su ansiedad (RCMAS de 11,23 a 9,23; p < 0,001; diferencia entre grupos p < 0,001), aunque hay que decir que el grupo de comparación partía de menos ansiedad, lo que puede inflar el efecto (Sekhavatpour et al., 2019). Otro ensayo con 75 niños hospitalizados (3 a 10 años) halló que contar cuentos redujo la ansiedad frente al grupo control (estimado −0,07; p = 0,03) (Abdi et al., 2025). Son estudios pequeños y de un solo país (Irán), así que conviene leerlos como una señal, no como una promesa. La clave que comparten con lo que sí funciona: un cuento que prepara (cuenta qué va a pasar, ensaya el respiro, nombra el miedo) no es lo mismo que un cuento que solo entretiene.

Qué haces antes de la cirugíaEfecto en la ansiedad (m-YPAS)
Videos informativos / de entretenimiento−23,7 (significativo)
Visita guiada al pabellón−19,7 (significativo)
Realidad virtual−12,8 (significativo)
Preparación psicológica−11,4 (significativo)
Música−6,5 (significativo)
Entregar solo un libro−1,7 (no significativo)

Fuentes: (Kain et al., 2007) https://doi.org/10.1097/00000542-200701000-00013; (Mustafa et al., 2024) https://doi.org/10.3389/fped.2024.1353508; (Sekhavatpour et al., 2019) https://doi.org/10.2147/PHMT.S201653; (Abdi et al., 2025) https://doi.org/10.1186/s12906-025-04767-4


Hallazgo 3: Tu calma también prepara al niño

Muchos papás dan por hecho que lo más importante es estar al lado del niño cuando lo duermen. Tiene lógica, pero la evidencia matiza esa intuición. Una revisión Cochrane de 28 ensayos analizó distintas formas de acompañar la inducción de la anestesia; en su subanálisis sobre presencia de los padres (5 ensayos, 557 niños), la sola presencia parental no redujo la ansiedad del niño (SMD 0,03; IC 95% −0,14 a 0,20) (Manyande et al., 2015). No es que estorbes estando ahí: es que estar presente, por sí solo, no alcanza.

Lo que sí aparece una y otra vez es el estado emocional del adulto. En el estudio observacional de los 220 niños, tener un cuidador “muy preocupado” se asoció con más del triple de probabilidad de que el niño estuviera ansioso (OR 3,40; IC 95% 1,35 a 8,56) (Liang et al., 2021). Es importante ser justos con el dato: es una asociación, no una relación causal probada. Pero encaja con todo lo que sabemos sobre co-regulación: tu hijo lee tu cara, tu tono y tu cuerpo, y los usa de termómetro para decidir si esto es peligroso o manejable.

Por eso las guías clínicas no piensan en el niño aislado, sino en la familia completa. La Academia Americana de Pediatría describe la preparación psicológica, el juego terapéutico y las modalidades expresivas como componentes de la atención hospitalaria pediátrica basados en evidencia, orientados a toda la familia (Committee on Hospital Care and Child Life Council, 2014). Prepararte a ti —tu guion, tu respiración, tu cara de “esto lo resolvemos juntos”— no es un extra: es parte del tratamiento.

Fuentes: (Manyande et al., 2015) https://doi.org/10.1002/14651858.CD006447.pub3; (Liang et al., 2021) https://doi.org/10.21037/tp-21-215; (Committee on Hospital Care and Child Life Council, 2014) https://doi.org/10.1542/peds.2014-0556


Guía práctica: cómo preparar a tu hijo para una cirugía u hospitalización

  1. Empieza con días de anticipación, no la noche antes. Los niños más grandes se benefician de saberlo varios días antes para procesarlo con calma; informar a último minuto, en la puerta del pabellón, deja a tu hijo sin tiempo para asimilar.
  2. Cuéntale la verdad en su idioma y suma lo sensorial. No le digas solo “te van a operar”; descríbele lo que verá, oirá y sentirá: la pieza, las luces, la mascarilla con olor raro, que se va a quedar dormido y va a despertar contigo cerca. La información concreta asusta menos que la imaginación.
  3. Ensaya el momento difícil con juego o con un cuento. Practiquen con un peluche “que también se opera”, o lean juntos una historia que muestre el momento de separación y la anestesia, e incluyan un respiro profundo para hacer cuando llegue el nervio.
  4. Regula primero tu propia ansiedad. Tu hijo te usa de termómetro. Evita la frase repetida “no va a pasar nada” (que suena a alarma) y reemplázala por “puede dar nervio, y vamos a estar bien”. Si tú estás regulado, le prestas calma.
  5. Dale algo que controlar y un objeto de apego. Que elija su pijama, qué peluche lo acompaña o qué canción suena de camino. Sentir que tiene una pizca de control sobre su día baja el miedo a lo desconocido.

Cómo lo implementa La Cuentería

La evidencia es clara en algo: no es el libro como objeto lo que calma, sino la preparación estructurada que una buena historia puede entregar. Un cuento personalizado te deja construir esa preparación alrededor de la situación concreta de tu hijo y de su nombre.

Crea el cuento que prepara a tu hijo para su día en el hospital y convierte la conversación difícil en una historia que pueden leer juntos.


Artículo basado en evidencia científica. Referencias en formato APA.

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