El gato se murió el sábado. El lunes tu hijo no quiere ir al colegio, dice que le duele la guata, no quiere desayunar. Tú dudas: ¿se está aprovechando? ¿es manipulación? ¿de verdad le importa tanto? La voz cultural de adentro susurra “era solo un animal”. La ciencia del desarrollo dice otra cosa: para una proporción enorme de niños, la muerte de la mascota es la primera pérdida real de su vida —y deja huella medible—. Lo que hacemos en los días siguientes importa más de lo que parece.
Hallazgo 1: La muerte de la mascota deja huella medible en la salud mental del niño
Por años se pensó que el duelo por una mascota era una cosa menor, casi anecdótica. El primer estudio prospectivo grande sobre el tema lo desmiente. Crawford y colegas (2021) siguieron a 6.260 niños de la cohorte británica ALSPAC desde su nacimiento, comparando a los que tenían mascota y la habían perdido contra los que tenían mascota viva y los que nunca tuvieron una. A los 8 años, los niños expuestos a la muerte de una mascota presentaban síntomas significativamente más altos en el cuestionario de fortalezas y dificultades (β = 0,35; p = 0,013; IC 95 % = 0,07–0,63). En varones el efecto era más marcado (β = 0,45; p = 0,035) que en mujeres (β = 0,28; p = 0,14).
El número más útil para padres no es el coeficiente, es la prevalencia: en esa misma cohorte, el 52,7 % de los niños había enfrentado la muerte de al menos una mascota antes de cumplir 8 años. Por encima del 70 % de los hogares estadounidenses con niños menores convive con una mascota, y en general la mayoría de esos padres dice haberla adquirido “para los niños” (Melson, 2003). Es decir: para la mayoría, la mascota llega como un personaje más de la infancia, y para más de la mitad se va antes de la primera década.
Los autores del estudio inglés son cuidadosos: cuando ajustaron simultáneamente por dificultades económicas, abuso del cuidador y abuso físico o sexual, el efecto se atenuó hasta hacerse marginalmente significativo (β = 0,26; p = 0,066) (Crawford et al., 2021). En cristiano: parte del impacto se mezcla con el contexto familiar adverso, pero la pérdida en sí no desaparece como factor. La conclusión razonable —y honesta— para un padre o madre es que el dolor del niño tiene base biológica y psicológica real. No es teatro, no es manipulación. Es duelo.
| Grupo en el estudio ALSPAC | Síntomas SDQ a los 8 años (modelo base) |
|---|---|
| Tenía mascota viva | Línea base |
| Tenía mascota y la perdió | β = 0,35; p = 0,013 (más altos) |
| Nunca tuvo mascota | β = −0,15; p = 0,452 (sin diferencia significativa) |
Fuentes: (Crawford et al., 2021) https://doi.org/10.1007/s00787-020-01594-5; (Melson, 2003) https://doi.org/10.1177/0002764203255210
Hallazgo 2: Los niños entienden la muerte por piezas, no de un solo golpe
Una de las razones por las que la conversación con un niño en duelo se siente tan difícil es que tu hijo y tú no están hablando del mismo concepto. La comprensión de la muerte se construye por componentes —irreversibilidad, no-funcionalidad, universalidad, causalidad y “determinación” (qué hace que algo esté efectivamente muerto)— y esos componentes maduran a ritmos distintos. En un estudio observacional con 114 niños chinos de 5 a 6 años y sus madres, Liu y Liu (2024) encontraron que la pieza que más temprano se consolida es la irreversibilidad: el 67,8 % ya entendía que la muerte no se revierte. La última en aparecer fue la “determinación”: solo el 53,6 % la dominaba.
El componente cultural no es trivial —la muestra es de una sola provincia china— y los porcentajes específicos no se pueden trasladar literalmente a niños chilenos. Pero el patrón —que el concepto se arma por piezas y que entre los 5 y los 7 años hay piezas todavía sueltas— se repite en la literatura previa que el mismo estudio cita (Liu & Liu, 2024). En términos prácticos: cuando un padre dice “se fue al cielo” a un niño que aún no ha consolidado la irreversibilidad, el niño puede preguntar al día siguiente cuándo vuelve. No es desconexión emocional; es que el componente cognitivo no está terminado.
| Componente del concepto de muerte | % de niños 5-6 años que lo dominan |
|---|---|
| Irreversibilidad (no se revierte) | 67,8 % |
| Causalidad (algo la produce) | 60,7 % |
| No-funcionalidad (deja de respirar, ver, oír) | 57,1 % |
| Universalidad (le pasa a todo lo vivo) | 55,3 % |
| Determinación (qué es estar muerto) | 53,6 % |
El mismo estudio mostró algo que conviene subrayar: tanto la exposición previa a eventos relacionados con la muerte —incluyendo la de una mascota— como la conversación familiar abierta sobre el tema se asociaron con una comprensión más madura, según la interpretación de los autores. La exposición previa predijo la comprensión de la irreversibilidad (β = -0,326; p < 0,05); la conversación familiar abierta predijo la de la universalidad (β = -0,301; p < 0,05) y la causalidad (β = 0,315; p < 0,05) (Liu & Liu, 2024). Hablar del tema, en lugar de esconderlo, no traumatiza al niño: lo equipa.
Fuentes: (Liu & Liu, 2024) https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1376253
Hallazgo 3: Mantener un “vínculo continuo” con la mascota es lo esperable, no un problema
La intuición adulta, sobre todo en culturas que valoran “pasar página”, suele ser apurar al niño a “superarlo”. La evidencia apunta en otra dirección. Schmidt y colegas (2020) estudiaron a 32 niños y adolescentes de 5 a 18 años que habían perdido a su mascota, midiendo qué hacían con ese vínculo después de la muerte. El hallazgo es contundente: el 100 % de la muestra mantuvo alguna forma de “vínculo continuo” (continuing bonds) con la mascota fallecida —forma que variaba según la edad del niño, la intensidad del duelo y la fuerza del apego previo a la mascota—. La muestra es pequeña y el detalle exacto de qué hacía cada niño no se desprende de lo que el estudio reporta en abierto, pero la conclusión principal es robusta: el niño no se “desconecta” de su mascota muerta. Mantiene un lazo.
En la literatura más amplia sobre continuing bonds, esas formas suelen incluir hablar de la mascota como si todavía pudiera oírnos, guardar fotos u objetos a la vista, repetir rituales como visitarla, dibujarla o nombrarla en una fecha especial. Estos son ejemplos típicos del campo, no una lista hallada por Schmidt et al. en sus 32 casos, pero coinciden con lo que la guía clínica más reciente recomienda. La Academia Americana de Pediatría, en su clinical report 2024 sobre acompañamiento del duelo infantil, sugiere a los cuidadores hablar con los niños en duelo según su nivel de desarrollo, validar la emoción en lugar de minimizarla, ofrecer apoyo periódico que se sostenga en el tiempo y derivar a salud mental cuando el duelo se complica (Schonfeld et al., 2024). En el corpus mayor, una revisión que sintetiza 78 estudios entre 1977 y 2022 muestra que la literatura científica del duelo por mascotas ya validó la experiencia como genuina y cuestiona explícitamente el término “duelo ilegítimo” que durante décadas restó importancia a estas pérdidas (Alves & Scorsolini-Comin, 2025).
La frase incómoda de decir, pero importante, es la siguiente: lo que para un niño es regresión o evitación es muchas veces lo que la evidencia describe como proceso de integración normal. Hablar de la mascota tres meses después no es “no soltar”. Es procesar.
Fuentes: (Schmidt et al., 2020) https://doi.org/10.1080/07481187.2018.1541942; (Schonfeld et al., 2024) https://doi.org/10.1542/peds.2024-067212; (Alves & Scorsolini-Comin, 2025) https://doi.org/10.1177/00221678251355010
Guía práctica: acompañar a tu hijo cuando muere su mascota
- Anticipa la conversación cuando puedas. Si la mascota está vieja, enferma o el veterinario te avisa que no le queda mucho, conversa antes del desenlace en un momento tranquilo. Avanzar parte de la comprensión —“está muy enfermita, no la vamos a poder curar”— le da a tu hijo algo que la ciencia confirma que ayuda: tiempo para ir armando los componentes del concepto de muerte.
- Di “se murió” con voz suave, no eufemismos. “Se durmió”, “se fue al cielo” o “lo regalamos al campo” parecen más amables, pero pueden confundir el componente de irreversibilidad y, peor aún, dañar la confianza cuando el niño descubre la versión real. Sé concreto: “su cuerpito dejó de funcionar; no respira, no ve, no nos puede oír”. Repite la explicación las veces que necesite. La AAP es explícita en recomendar honestidad adaptada a la edad.
- Valida la emoción antes de explicar nada. “Sí, duele mucho. Yo también estoy triste”. Tu hijo no necesita primero entender la muerte; necesita primero saber que su dolor está siendo visto. La validación reduce la activación emocional y abre espacio para que después la conversación cognitiva tenga lugar.
- Ofrece un ritual de despedida concreto. Un dibujo, una caja con sus juguetes y collar, plantar algo, una “carta” para leer en voz alta. No es disfraz emocional: es darle al niño una acción con principio y final, lo que la evidencia describe como continuing bond saludable. Permite que él proponga el formato.
- Vuelve a la conversación más de una vez. El duelo infantil no es lineal: pueden pasar semanas y aparecer una pregunta nueva, una culpa nueva, un llanto a la hora de dormir. Volver a abrir el tema, sin alarmarse, es parte del trabajo. Si después de uno o dos meses ves retraimiento sostenido, problemas de sueño que no ceden, deterioro escolar o culpa intensa, la guía clínica recomienda consultar con un profesional de salud mental.
Cómo lo implementa La Cuentería
Un cuento personalizado con la mascota como protagonista resulta una herramienta inesperadamente útil para este duelo. Pone a tu hijo dentro de una historia que reconoce y le devuelve lo que la ciencia ya describió: que el vínculo siguió importando, y que mirarlo de frente —no esconderlo— es lo que ayuda a procesarlo.
- La mascota vuelve a tener nombre y rostro propios: en una historia personalizada, no es “un perrito”; es Manchas, con su mancha en la oreja izquierda. Esa fidelidad valida la pérdida real.
- La narrativa funciona como ritual repetible: leerlo varias veces, en distintos momentos, sostiene el continuing bond que la evidencia describe como adaptativo.
- El lenguaje se ajusta a la edad —con un cuento construido específicamente para tu hijo se puede dosificar el componente de irreversibilidad sin esconderlo ni golpearlo.
- Acompaña a los adultos también: muchos padres reportan que el cuento les abre conversaciones que no sabían cómo iniciar.
Crea el cuento de despedida de tu mascota y convierte la pérdida en una historia que tu hijo va a poder volver a leer cuando lo necesite.
Artículo basado en evidencia científica. Referencias en formato APA.
Referencias
- Alves, A. F. R., & Scorsolini-Comin, F. (2025). Grief for the loss of a pet: A scoping review on the grief of dog and cat owners. Journal of Humanistic Psychology. Advance online publication. https://doi.org/10.1177/00221678251355010
- Crawford, K. M., Zhu, Y., Davis, K. A., Ernst, S., Jacobsson, K., Nishimi, K., Smith, A. D. A. C., & Dunn, E. C. (2021). The mental health effects of pet death during childhood: Is it better to have loved and lost than never to have loved at all? European Child & Adolescent Psychiatry, 30(10), 1547–1558. https://doi.org/10.1007/s00787-020-01594-5
- Liu, J., & Liu, F. (2024). Research on the development of the concept of death in children and its influencing factors. Frontiers in Psychology, 15, 1376253. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1376253
- Melson, G. F. (2003). Child development and the human-companion animal bond. American Behavioral Scientist, 47(1), 31–39. https://doi.org/10.1177/0002764203255210
- Schmidt, M., Naylor, P. E., Cohen, D., Gomez, R., Moses, J. A., Rappoport, M., & Packman, W. (2020). Pet loss and continuing bonds in children and adolescents. Death Studies, 44(5), 278–284. https://doi.org/10.1080/07481187.2018.1541942
- Schonfeld, D. J., Demaria, T., Nasir, A., & Kumar, S. (2024). Supporting the grieving child and family: Clinical report. Pediatrics, 154(1), e2024067212. https://doi.org/10.1542/peds.2024-067212